Sueños resucitados
¿Te ha pasado alguna vez que querías realizar cosas o iniciar proyectos, pero tu voz interna te decía que aún no era el momento? Y no hablo de buscar el «momento ideal» o de dudar de la idea en sí, hablo de cuando estabas consciente del trabajo y los recursos que ibas a poner, pero sabías que tu suelo interno todavía se estaba acomodando.
Para mí, con la familia como prioridad absoluta, era impensable construir hacia afuera si la base de mi hogar y mi mundo interno no estaban bien cimentados. Así, cuando el terreno finalmente se ordenó y todo tomó su ritmo, entendí que había llegado el momento de desempolvar esas ideas que dormían en mi libreta de notas y devolverles la vida.
Sin embargo, ese tiempo intermedio no fue en vano: me hizo ganar madurez, preparación y sabiduría. Es lo que me gusta llamar un ‘tiempo de siembra’. El libro de Eclesiastés lo ejemplifica de manera hermosa cuando habla de la espera y nos recuerda que en la vida todo tiene su momento: «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de llorar, y tiempo de reír…» (Eclesiastés 3).
Hay sabiduría en entender los tiempos de Dios y en saber identificar en qué temporada estás. Así, la prisa y la ansiedad se vuelven ajenas, y la búsqueda de hacer las cosas con excelencia cobra un sentido importante.
Hoy, cuando miro esa libreta y esos PDF con esas ideas de proyectos ya desarrolladas, estructuradas y maduradas, cobra mucho más sentido la idea de que no existe tiempo perdido; porque, aunque algo no vea la luz aún, no quiere decir que no se estuvo desarrollando y madurando en las sombras. Miro esos proyectos con una sensación de satisfacción y agradecimiento de ver cómo florecen maravillosamente las cosas a su debido tiempo.
Por último, quisiera agregar que, si hoy sientes que tus proyectos están en pausa, no desesperes: tal vez tu suelo se está preparando para cuando sea el momento de plantar.
Daniela
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